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Danza y público: esa ¿eterna? relación conflictiva

¡Hola lector/a!
Vos, ¿bailás?
¿Profesionalmente?
¿Viste una obra de danza hace poco? ¿Y en vivo?

Soy una espectadora especial de danza escénica (en su amplitud de géneros) porque alguna sapiencia tengo, pero, como veremos, no hay que subestimar al público no profesional. Ellos y yo la gozamos (o sufrimos) de un modo muy parecido… Al menos en el primer ‘toque’.
Expondré desde ese lugar, en pocas líneas, reflexiones en torno a la relación de la danza con los espectadores, y espero tus comentarios.

Comenzaré compartiendo un pequeño fragmento de la entrevista que le hiciera Irene Amuchástegui a la coreógrafa francesa Dominique Hervieu, publicada en la revista Tiempo de Danza nro. 22 de noviembre de 1999. Este encuentro con la revista se dio en el marco del Festival Internacional de Buenos Aires, cuando la Compañía Montalvo-Hervieu mostró “Paradis” una pieza creada en la época en que el gobierno francés desarrollaba programas culturales de integración. El texto resulta, según mi parecer, muy sugerente: 

"Creo que quien nunca encontró la emoción de su cuerpo en movimiento no puede saber qué sentido tiene en su vida. Por cuestiones culturales, familiares, etc., hay gente con mayor predisposición que otra a encontrarse con la danza en su vida. Nosotros intentamos democratizar el encuentro. Pensamos que la danza puede ser un medio de aprehensión del mundo completamente único, inigualable, porque pasa por el cuerpo. Pero con un espíritu de gratuidad, no como el deporte. Uno baila y siente placer. No se sabe por qué. Hay un espíritu de gratuidad, casi en un sentido de tiempo perdido. Es una gran libertad que podemos tomarnos: perder el tiempo en danzar. En un mundo de producción, de cifras, de rentabilidad... de golpe te ponés a bailar. Ese momento de gratuidad... es un instante de verdadera insurrección."

¿QUÉ ES LA DANZA?

Me acompañaré por un autor chileno, Carlos Pérez Soto, a través de su libro Proposiciones en torno a la Historia de la Danza (LOM Ediciones, Santiago de Chile, 2008)

“Cuerpos humanos en movimiento, que producen juntos la tarea de imaginar, ejercer y recrear movimientos.” 

Parece que la danza es algo más que ponerse a bailar… Y ‘juntos’ alude a una tríada… 

Veamos qué constituye este número simbólico.

Idea externa + idea interna de la danza:

En el gremio, para responder sobre qué es danza, son muy populares las
teorías naturalistas > se baila para liberar energías, como forma primaria de comunicación, por un impulso innato; y las teorías de tipo antropológico > la danza tendría funciones rituales, expresivas, o se daría en contextos de sociabilidad o de espectáculo.
El problema de estas maneras de explicar la danza, es que “no nos dicen la clase de cosa que ocurre en ella misma, en la danza, cuando ocurre”, son ideas externas. 
Para formular una ‘idea interna’ es necesario especificar desde la danza misma qué clase de actividad es, y su campo semántico, es decir, “qué criterios se pueden formular, sin pretender en absoluto que sean criterios exactos ni fijos, para establecer sus límites” con respecto a otras actividades incluso similares y no artísticas, como el deporte, especialmente cuando se provocan cruces, hibridaciones > ¿qué sería eso que aporta la danza a la nueva cosa que se produce?
Este autor propone un conjunto de criterios para acotar lo que se encuentra en ese espacio central de la danza:

- se trata de cuerpos humanos, solos o en conjunto, parciales o compuestos

- la materia propia de lo que ocurre es el movimiento como tal -no poses o pasos-, y no aquello a lo que refiere o narra. Es el movimiento y sus valores, de su modo de ocurrir en un cuerpo humano. Lo demás sería complementario…

- hay siempre una relación de hecho y especificable entre coreógrafo, intérprete (así sea el mismo sujeto), y el público. Sea una relación explícita o no, coincidan dos o tres: la danza es una experiencia que debe darse y ser considerada en tres (¡ese numerito!!!) términos:

> Experiencia puramente conceptual del coreógrafo: la danza es en esencia un concepto, una idea que solo es verdadera cuando se da de manera efectiva como movimiento. “En términos semióticos se puede decir: es, antes que nada, un significado para el que se imaginan significantes, que son movimientos. Están en la actividad mental del coreógrafo antes que en el soporte, el cuerpo, aunque el coreógrafo no pueda, o crea que no puede, expresarlos con palabras: la danza requiere en primer lugar y como origen, una experiencia conceptual, sea explicitable o no, sea racional o no”. De lo que se trata es de formular una idea no naturalista del movimiento humano. La danza no es, entonces, natural.
> Cuando la idea se hace efectiva en el movimiento del cuerpo del intérprete, es obvio que este también pone sus propios conceptos en el resultado. 
> Una obra de danza es siempre una co-creación, que termina de efectivizarse con la participación del público.

¿Hacemos una pausa?: veamos cómo el Mercat de les Flors, emplazamiento cultural dedicado a las artes del movimiento en Barcelona, hace participar a su público cautivo en el nuevo spot institucional, cuyo lema 2017 plantea “en la danza es tan libre quien baila como quien interpreta”

Interesante, ¿no? Es un ejemplo de gestión de público para la danza. 

Ser espectador, un rol de mucha acción:

En rigor, no hay danza de manera efectiva hasta que el acto creativo no se completa en el espectador que en su experiencia receptiva se conmueve -en el sentido literal del término- y reconstruye, en su cuerpo, la experiencia kinestésica a la que asiste. El espectador no puede evitar ser un co-creador. Hace su proceso perceptivo e intelectual. La obra le pertenece de un modo distinto pero inseparable a como es para el coreógrafo y el intérprete. Aunque no se desplace, el espectador que asiste a la danza se mueve-con, así como el que asiste a un concierto escucha y hace en él una experiencia sonora, o el que mira un cuadro participa activamente en una experiencia visual.

“Cada obra es histórica porque el acto creativo siempre es una co-creación, y porque esa creación múltiple se da una y otra vez en contextos que son históricos, porque un texto es en virtud de las relaciones que mantiene con los muchos otros textos que lo rodean y que, a través de esas relaciones, lo constituyen”. 

El texto dancístico mantiene relaciones con los géneros y estilos a los que por información, por formación, por elección y/o por sumersión, adscribe, aunque los contextos históricos en los que se produce y recrea estén desfasados.

Por eso no hay un público sino públicos de danza... 

Los coreógrafos y bailarines ¿qué creen o suponen del público?:
¿cuándo -en el proceso de creación y producción- se acuerdan del público?,
¿qué suponen que sentirán, que sucederá?,
¿por qué presentan su obra al público, para qué?,
¿cuál es la relación real con el público? (¿hay contacto con el público desconocido o nuevo o no perteneciente a su circuito?),
¿cómo son los paratextos que median entre ambos? (gacetillas de prensa, programas de mano, volantes, trailers, etc.)

Estas entrevistas que comparto a continuación, las hice en varias ediciones de Ciudanza, un festival de danza en espacios urbanos (generalmente plazas), organizado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Son espectadores ocasionales, gente que fue porque sabía que pasaba algo, o que se topó con la actividad:

PLAY >

Y entonces...

¿Hablé de géneros en algún momento?
¿De estilos?
¿Hablé de jerarquías, de quiénes son los mejores o de un supuesto ‘evolucionismo’ de la danza?
No… Hablé de la danza, de creación, de percepción, de público…
¡Qué bueno sería que más gente asistiera a percibir, a criticar, a conmoverse con las danzas!

Personalmente, sugiero modificaciones en tres ámbitos (otra vez tres):

- desde los artistas: haciéndose las preguntas medulares sobre por qué se crea, para quién y cómo… Con humildad, estudio y pasión por el trabajo -el talento solo no alcanza-
- desde la gestión del tercer sector y la educación: favoreciendo el encuentro (mediación cultural)
- desde los Estados: siendo respetuosos de las diferencias y desarrollando políticas culturales contingentes, coherentes y éticas.

ALE COSIN/2017

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